Ansío sentir la libertad por debajo de mis pies. Un mero accidente no será lo suficientemente poderoso como para palear mis deseos y mis ansias. Pocos comprenderán este sentimiento, muchos lo tacharán de falso y otros de negativo, pero la felicidad que recorre mi cuerpo al patinar, eso es incomparable con cualquier cosa.
Desde el momento en que estás descansando sobre tu cama y de pronto sientes como te invade esa necesidad, desde ese mismo momento en tu cara se dibuja una sonrisa. Puedes estar todo lo triste y malhumorado que quieras, que en el momento en que vuelvas, sabes que estarás mas tranquilo.
Saltas de tu cama con el cuerpo desesperado, como si de una droga se tratara y te tuvieran privado de ella mucho tiempo. El cuerpo completamente tembloroso por la emoción, las manos sudorosas, la mente intranquila, te pones lo primero que coges del armario, unos pantalones cortos, con suerte una camiseta y unos calcetines largos; no te importa si son finos o gruesos.
Sales de tu habitación y te dicen algo, tu intentas responder, y tal vez lo logras, pero tu mente ya tiene un objetivo que no puede olvidar al contrario de aquello que ni si quiera has entendido. Vas a la habitación donde tienes tus patines, los coges y te diriges hacia la escaleras, la cuales bajas con los calcetines puestos para que no te entre mucho frío.
Ya abajo del todo, metes un pie dentro del patín, desesperado. Tiras los cordones con fuerza y los amarras. Pones el strap en su sitio para ajustar bien el tobillo, no queremos que se nos rompa. Luego ajustamos el micrométrico hasta que nos sentimos el pie lo suficientemente ajustado. A veces sientes hasta un poco de mareo, sobre todo cuando llevas mucho tiempo sin patinar, así que te apresuras a repetir el proceso en el otro pie, y al terminar te diriges finalmente a la puerta.
Una vez que pasas el portal, tu corazón va latiendo tan rápido que piensas que te va a suceder algo. Es una experiencia tan cercana a cuando le vas a dar un beso por primera vez a esa chica que llevas deseando por tanto tiempo y te falta tan sólo un micromilímetro para tocar sus labios, ya sientes su ser, pero falta un poco más. Cuando caes al suelo luego de saltar esos tres escalones, es tan bueno como cuando por fin se fusionan vuestros labios.
De ahí en adelante, empiezas con miedo, hay muchas personas a tu alrededor e intentas tranquilizarte... sabes realmente que eres capaz de sortear todo lo que se cruce en tu camino sin problema, pero prefieres quitarte un poco las ansias antes de empezar tu juego. No es hasta que has avanzado un poco que te sueltas del todo, y empiezas a coger carrerilla.
El resto, ya es cosa de tu imaginación. Pasar por delante del tranvía a toda velocidad, entre dos personas que van muy pegadas por el carril bici para darles un susto. En este punto empiezas a calentar un poco y te pones de espaldas, como para ir cruzando los pies, y terminas dando pequeños saltos.
Cada vez que te despegas del suelo, sientes que vas directo a la Luna. Es comparable como cuando tu libido lo tienes por las nubes. No hablemos mejor de cuando saltas por una de tus rampas callejeras y aprovechas para alzar los pies, o tal vez dar un 180, eso sí, como logres un 360 te quedas consagrado y sabes que ese día harás el loco.
Cuando tienes que pasar entre los coches, piensas que así es como deben sentirse los mosquitos al burlar tus palmas por la noche, en ese momento piensas que tienes el poder del mundo en tus pies y que eres imparable. Nadie te puede coger, nadie puede contigo, no importa lo que hagas, tu eres tú y el resto ha quedado en el olvido.
El otro día caí. Es algo que suele pasar mucho cuando te arriesgas a hacer cosas locas. Pero la caída del otro día fue la más grande que he tenido nunca, y espero que hasta el fin de mis días se quede con el título. El otro día fui a bajar unas escaleras de espalda y cuando me dí cuenta estaba flotando en el aire. Me gustaría decir que todo se volvió lento como en las películas, pero la verdad es que no tuve tiempo ni de reaccionar, cuando me dí cuenta, mi cabeza ya había golpeado contra un escalón y yo estaba tendido. No mentiré, creo que ha sido la peor experiencia de mi vida, y eso que he estado al borde de ahogarme más de una vez. Lo que más temí fue no poder volver a patinar. Mi familia y mis amigos son muy importantes para mí, y pensé también en ellos, pero mi primer pensamiento y temor fueron los patines. Siento que estoy en paz con el mundo, por lo que no sentí haber malgastado mi vida hasta ese momento.
Luego de romper mi cabeza estoy en casa descansando, casi no salgo y la verdad es que me aburro mucho. Busco a una persona que tuvo mucho desinterés a la hora de ayudarme, pero eso es otra historia. Esto va para todos aquellos que han patinado alguna vez, para todos aquellos que patinan y para todos aquellos que piensan hacerlo alguna vez. Este lunes me quitan los puntos de la cabeza, a más de una semana después de mi accidente. Yo seguiré patinando, y seguiré haciendo locuras, aunque tendré más cuidado. Los animo a todos a salir y sentir al menos una cuarta parte de la libertad que yo siento, les prometo que vale la pena y que no importa lo que suceda, yo siempre buscaré la forma de salir a patinar y hallar aquella independencia total que tengo marcada en el corazón.
DHrmsn

1 comentario:
te he visto sólo una vez y la verdad no podia imaginar que escribieras tan bien!una grata sorpresa :)bueno nada, decirte que pareces una persona "rara" y no lo digo de forma despectiva,a mi me gusta la gente así.enhorabuena por tu blog!
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