martes, 11 de octubre de 2011

Carta a un padre olvidado

Rezo a Dios que lo perdone puesto que yo no seré capaz de hacerlo. De pronto tomo conciencia cada vez más de lo que sucedía y pienso que no era un niño tan iluso como pensaba, sino simplemente estaba confundido.

Ese hombre por el cual vivo, pero que en vez de dicha me regala desdicha, fue siempre igual, y en mi subconciente siempre lo he sabido. Mal me sentía por no querer verlo cuando chico, pero eso se me debe haber pegado de otro sitio. Con todo lo inocente que era... pero incluso más razón inconciente tenía.

Hoy la desdicha se pena, el enfado es pena, los sudores, lágrimas y temblores son pena, el estrés y el deporte para apaciguarlo, todo lleva a lo mismo, pena. Y la pena, eso me lleva nuevamente a su persona, convirtiéndose ahora en odio, puesto  que yo no tengo, ni debo aguantar sus tonterías, su humor ni su idiotez.

El daño para él, los años para mí y el olvido para todos los recuerdos de su persona.

DHrmsn

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