miércoles, 7 de diciembre de 2011

DEP

Difícil escribir de alguien por quien se tienen sentimientos tan encontrados. Una persona que de chico me dio tanto, pero que luego me quitó tanto más, seguro sin darse cuenta.

Un hombre que recuerdo de chico hecho y derecho, aunque ya de grande, el recuerdo es frío y desecho. ¿Cómo es que tanta alegría puede transformarse de esa forma? ¿Cómo es que un solo cuerpo puede albergar en su interior tantas personalidades? ¿Cómo puedo encontrar el fondo de un dolor tan imperceptible como destructor?

Dos hombres viviendo en un mismo cuerpo. Uno alto, lleno de vida, con un brillo en los ojos incomparable, amable y feliz, tan acogedor y entrañable. El otro apagado, frío, oscuro, a veces despreciable, ojos opacos y palabras necias. Los dos luchadores, aunque a su estilo propio, uno fuerte de físico; y el otro, de genio.

Una línea difusa en la que poco a poco cambia una personalidad por la otra. Se le nota el momento en que empezó a cambiar, al menos en mi cabeza, la imagen de esa persona que podría haber liderado un ejército tan grande como un país, por aquella de un pobre infeliz.

Mis palabras fueron duras para esa persona. Debieron de doler como una lluvia de ladrillos en su alma, pero no me arrepiento de eso. Me arrepiento de no lograr cambiar su mente, me arrepiento de no decirle un último adiós, de no asegurarme de hacerle entender que mis decisiones estuvieron siempre guiadas por el amor que le tenía.

Cómo desearía poder estar allí a su lado, verlo una última vez, darle un último abrazo y un último beso. Ahora lloro la pérdida incluso más que aquel primer día que discutimos. Nuestro camino no fue muy bueno en los últimos días, por no decir los últimos años, pero siempre lo quise y siempre estará presente en mi corazón.

Me causa un gran alivio saber que por fin se encuentra en paz, ya no sufre más, pero mi dolor aún así es grande. Mi padre, mi amor y el de algunas pocas personas más. Puede que en sus últimos días no fuera un gran hombre, ni un gran padre, y puede que tuviera muchos defectos, pero era mi padre y yo siempre lo amé incondicionalmente.

Era una persona difícil, eso siempre, pero de alguna forma se las ingenió para hacerse querer y para tenernos a todos preocupados. Como Guillermo lo conocen unos, Willy los que le tenían más cariño, y seguro habrán otros apodos, pero el que siempre recordaré, es el de papá.

Quiero terminar ofreciéndole unos minutos de silencio, un respeto a su recuerdo, unas lágrimas a su silencio pero sobre todo, el amor que siempre mereció. Te quiero y extraño. DEP
DHrmsn

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