lunes, 15 de octubre de 2012

La pelea del buitre y del lobo

Lo que pensé que era un gran dragón cuando lo vi desde lejos, terminó siendo un pequeño e inofensivo carroñero, como un buitre que se alimenta de los restos de los animales que han perecido en el camino.

Lo que pensé que era un perro maltrecho y malherido, terminó siendo un agresivo y activo cazador, como un lobo que sin que la presa se de cuenta, la rodea con el resto de la manada para llevarlo a su fin en un sólo e inesperado ataque.

Es curioso como funciona el mundo animal, como vemos unos animales tan grandes y otros tan pequeños, cuando realmente son inofensivos o mortales respectivamente. Creo yo haber abierto los ojos, aunque fue un poco tarde. Esta es la historia de mi lucha contra el reino animal, en el viaje más distinto de mi vida.

Andaba yo por el camino, y siempre a lo lejos veía un perro, maltratado y maltrecho que me seguía. Lo veía siempre, y siempre el me veía, pero no le hice caso. A veces me intenté acercar, pero desaparecía rápidamente... A veces se acercó el mismo, pero yo simplemente decidí alejarme.

Un día mientras caminaba, encontré un tesoro. Al principio no sabía lo que era, pero lo cogí entre las manos y decidí llevarlo siempre conmigo. A los pocos días me dí cuenta que era un huevo de ave fénix. Se sabe a ciencia cierta que los fénix ya no existen, por lo que ese huevo tendría que ser algo demasiado especial. No se encontraba en muy buenas condiciones, pero con el tiempo el mismo empezó a mejorar. Lo más bonito que he visto en mi vida, lo más preciado que nunca podré encontrar. Se le notaban muchos colores, aunque un poco apagados por los golpes que recibiría en el cascarón antes de nuestro inesperado cruce.

Andaba yo siempre con mi tesoro, con cuidado. Lo cuidaba como a nada he cuidado nunca y en poco tiempo le cogí mucho aprecio. Las rajaduras de la cáscara empezaron a sanar, y los colores se hacían más vivos con cada paso que yo daba. Pero un día, una sombra paso sobre mi cabeza. Era inmensa, y pensé en lo peor. El miedo heló mi cuerpo y alcé la vista al cielo. El sol brillaba en lo más alto, y la sombra surcaba sus bordes cegadores. Vi un animal en el cielo y pensé por un momento que no sería nada, pero poco a poco se fue acercando, dando vueltas sobre mí, y se acercaba, y se acercaba, hasta que el miedo me invadió nuevamente. Parecía estar jugando conmigo, y al final, mi cabeza recordó las historias de un ser mitológico y malvado y como yo tenía un tesoro como el poseído, no pude pensar en porqué no podría existir un dragón, con colmillos y alas, escupiendo fuego y aterrando a todo el mundo.


Mi cuerpo petrificado ya no reaccionaba bien, y de mis manos huevo cayó sobre el suelo, recibiendo un golpe, llenándose de polvo y partiéndose rápidamente... Pensaba que el huevo seria más fuerte, pero resultó ser que necesitaba aún muchos más cuidados. Yo no pude hacer nada, el temor a aquel ser sanguinario era tremendo. Pensaba que me mataría. Intenté quedarme junto a mi tesoro para protegerlo, pero no fue posible. Al final, el huevo comenzó a rodar cuesta abajo, y yo no fui capaz de ir tras él....


Cuando me quise dar cuenta de la farsa del dragón ya era tarde. Quise correr hacia mi tesoro, pero ese bicho carroñero ya lo había agarrado con sus patas y había alzado el vuelo. Pensé que si ponía todo mi esfuerzo correría lo suficientemente rápido y saltaría lo suficientemente alto para coger al buitre, pero este se fue volando, y el huevo... el huevo me lo dejó dicho en un susurro, me dijo que no podía seguir a mi lado.

No sólo loco por el engaño, sino por las palabras de mi tesoro, no me quedó otra cosa que deambular solo, intranquilo, nervioso por el mundo. Sin tesoro y sin nada, con el enfado en mi interior. Maldecía al buitre, lo aborrecía por haberme engañado. No entendía cómo podía haber sucedido eso, con lo previsor que creí haber sido. Y mientras pensaba en todo esto, una y otra vez para mí, me di cuenta del pequeño perro que me había estado siguiendo en todo momento. Lo había visto todo.

Me siguió cuando el buitre atacaba, y me siguió cuando el buitre me robaba, pero el perro seguía manteniendo siempre mucha distancia. Pero esta vez... esta vez fue diferente, el perro se había acercado y ya no parecía una mascota maltratada, el sol brillaba y el mismo que no me dejó ver momentos antes un engaño, me hizo ver la realidad, una manada de lobos hambrientos que se acercaron antes de lo debido a su presa.

Con esfuerzo, me di cuenta del problema, lo que siempre creí ser algo sin importancia para mi seguridad, lo que viví durante casi todo mi camino desde el comienzo, era aquello que a veces, en las oscuras noches sin luna ni estrellas, me cerraba en el negro estar, esperando el momento justo para atacar.

Realicé que si no hubiera sido por esos peligrosos animales, nunca hubiera sentido esa inseguridad tan grande al acercarse aquel sucio carroñero, y aunque me hubiera atacado, no hubiera podido hacerme daño ni a mí ni a mi tesoro, pero ya es tarde... 

Los lobos me han cerrado, y aunque ya sé que están aquí cerca de donde duermo, estoy preparándome para el ataque, esperando a recibir los golpes, pero creo ser capaz de salir victorioso de la lucha, sólo tengo que encontrar el arma adecuada e ir a buscarlos antes que me cierren en su círculo y ataquen todos a la vez.

Al mismo tiempo iré detrás el buitre, pero calculo que no habré terminado con toda la manada para cuando lo encuentre. Al menos los habré debilitado, y yo intentaré prepararme para abordar a esa inmunda ave con la misma astucia que utilizó en mi contra. Yo estoy dispuesto a pelear contra los asesinos, estoy dispuesto a espantar al carroñero, y juro poseer nuevamente el huevo en mis manos. Lo tendré y lo cuidaré, que yo sé que un día, de ahí, aparecerá esa ave de la que escuchaba historias de pequeño, esa ave mítica que nadie encuentra, pero que a todos les encantaría ver. Tendré el huevo en mis manos y de ahí, de ahí nacerá lo más grande que nadie ha visto en su vida.

DHrmsn 

1 comentario:

Ezequiel dijo...

¿Qué tal va todo Diego? Me encanto la entrada. A ver si escribes más (yo también me debo aplicar el cuento). Por cierto, ¿dónde andas? hace tiempo que no te veo. Bueno, espero que te vaya todo genial.

Un abrazo colega!