No puedo dormir tranquilo, las pesadillas me atormentan por la noche. Movimiento, pérdida, búsqueda, trágica muerte, últimamente siempre es lo mismo. Aún así logro descansar, incluso sin dormir, me levanto por la mañana, aunque con pocas energías, pero contento, con ganas de enfrentarme al día, darle la cara al mundo, luchar contra la corriente y demostrar que aunque muchas veces tropiece y haga mal las cosas, al final, siempre sobresaldré de entre toda la mierda que muchas veces me cae encima.
Por la noche, rodeado de oscuridad, calma es lo que siento antes de cerrar los ojos. Ya sea sólo o acompañado, me siento feliz, el día se ha terminado y yo he logrado lo dispuesto al empezar el mismo. Todo aquello contra lo que luchaba, no ha podido conmigo, he cogido las riendas de mi vida y aunque a veces resbale un poco, logro ponerme en pié y arrear a las bestias de mi carroza.
Tranquilidad mental mientras estoy despierto, paz interior mientras respiro. Divinidad que penetra en todo mi ser para salir en un suspiro anhelado de felicidad infinita. Siento que incluso puedo controlar el aire a mi alrededor, puedo hacer todo lo que me propongo con una simple mirada, un leve movimiento, emanando energía pura que embriagaría de pureza hasta al más impuro de los impuros con sólo degustar un sorbo de ella.
El frío me rodea, pero no me alcanza, las tragedias me persiguen, pero ya no me abrazan. Con la mano firme y la frente en alto iré buscando el rumbo de mi destino, hasta encontrar el pesebre de la desdicha y demostrarle que con la dicha se ganan muchas más batallas.
DHrmsn
sábado, 15 de enero de 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
exacto. Cuando me siento así ya no escribo poesía
Publicar un comentario