No fue muy fuerte en su nacimiento, pero prometía muchas cosas, se veía que crecería poderoso, imparable, imbatible. Su vida no era fácil, pero prosperó un tiempo, encendió su llama, voló por los aires y de pronto las llamas lo quemaron en pleno vuelo, lo incendiaron, no aguantó el calor y cayó abatido.
Es normal en su especie que pasara eso, y en cenizas se convirtió. No se suelen ver muchos, es que está en peligro de extinción, aunque sea un animal mítico, inigualable, inmortal.
Como se dice en un dicho común, donde fuego hubo, cenizas quedan, y estas estaban frescas, calientes, hirvientes hasta. Empezó a aparecer un huevo entre ellas, y de pronto renació, resurgió más grande, más fuerte, más hermoso, imbatible. Su vida esta vez fue mucho más duradera, brilló más que nunca, y alcanzó a volar hasta sitios donde no se había imaginado nunca y poco le faltó para alcanzar las estrellas. Pero el destino es cruel, y el mal acecha por todos lados. Esta ave que fue preciosa en un tiempo, empezó a ennegrecer, palideció y su fuego se fue apagando, veía lo que sucedía a su alrededor y le costaba cada vez más sentir dentro de sí esa llama que un día brilló con tanta fuerza.
Dentro de sí cargaba amargura, le enojaba que todo lo que le rodeara fuera tan oscuro, y comenzó a pensar como su entorno. Cuando se dio cuenta y quiso alzar el vuelo nuevamente, advirtió que sus alas estaban inmóviles y sin plumas, no podía moverse y odió todo, desde la tierra, hasta el aire, las montañas y odio hasta el mismo sol, del que un día obtuvo su fuerza. Odió tanto, que en un último esfuerzo se precipitó hacia el centro de un volcán. Sufrió, vaya que lo hizo, cuando tocó ese líquido viscoso, entre amarillento y rojizo, se arrepintió de haberlo hecho, se arrepintió de haberse dejado influenciar por aquello que intentaba combatir.
Como del fuego venía su naturaleza, intentó salir de allí, intentó flotar incluso cuando el fuego que lo rodeaba ya no era el suyo, pero al final, el fuego lo consumió y en su último pensamiento, creyó que aunque las historias hablaran de su inmortalidad, moriría en ese momento, sólo y desgraciado.
La lava ardía, y aunque dentro de ellas las cenizas se esparcieran, lucharon a contra corriente, no dejarían que nada les impidiera volver a resurgir, no dejarían que nada las abatiera con esa facilidad. Lo intentaron una y otra vez, hasta que de la lava apareció algo nuevo.
Ya no era el mismo Fénix de antes, no era ni esa pequeña ave que vivió una vez, impaciente, intranquila, ilusa; ni era tampoco esa que albergó tanto odio en su corazón, dejándose caer en la desgracia. Lo que de la lava apareció, fue un animal impresionante, cuyo brillo nunca había sido tan poderoso, cuyos colores nunca habían sido tan vivos, cuyo fuego era tan poderoso que incendiaba la lava que en un momento lo calcinó.
Batiendo sus alas y con la vista en el infinito, sintió paz en su interior, voló tan alto que alcanzó las estrellas y brilló junto a ellas. Inmortal, inigualable, mítico, más rápido que la luz volvió a la tierra y voló por sus campos, voló por sus mares, voló incluso en medio de aquello que una vez lo llenó de oscuridad, pero era más inteligente, y su fuego, apagó todas las sombras por donde pasaba, incluso en los escondites más recónditos.
Así fue como ese ser renació por última vez, así fue como sus ojos se llenaron de simpatía hacia su alrededor, así hizo del fuego su aliado y de la oscuridad un enemigo sin importancia. Fue así como hizo que sus alas parecieran de oro, y sus nervios de acero. Así fue como éste se hizo eterno.
DHrmsn
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