viernes, 26 de febrero de 2010

Planeta gris

Hay tantos porqués, pero hay aún más tal vez. Los ríos fluyen más caudalosos que nunca, y la tierra tiembla como pocas veces lo hizo antes. Los vientos soplan y se detienen rápidamente, capaces de mover todo lo que se encuentre cerca de ellos. El planeta está sólo en su órbita, la luna se ha ido a dormir y el sol no aparece. El planeta está triste y el corazón herido, poco a poco se crea allí en el centro una coraza impenetrable.

Lo que antes era verde, se torna amarillo; lo que antes era azul, se ve ahora negro; lo que antes era liso, se agrieta y descascara; y, mientras sucede eso, su capa protectora se desgarra. El planeta está débil y sin fuerzas, necesita de cuidados para sonreír, ahora mismo no ha podido dormir, ahora mismo no ha podido resurgir.


Siempre creyó que sería como un Fénix y en el momento en que no aguantara más los años, ahí cuando el peso de los hombros lo obligara caer, se quemaría y convertiría en cenizas, que luego calurosamente germinarían a su nuevo yo, más hermoso, más poderoso, más humano.

Tantas preguntas se plantea por su soledad, tantas respuestas logra hallar sin sentir suficiencia de ninguna. En su interior cree que ya no podrá recobrar sus fuerzas por al menos un tiempo porque cuando se fue la luna, aquella que siempre lo miró desde lejos sin tocarlo, aquella que siempre lo tuvo a una distancia inflexible incluso cuando le quería robar un beso, cuando se fue la luna, pálida pero hermosa, se llevó consigo la sonrisa del poeta.

DHrmsn

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