Un escalofrío recorre por mi piel. Los vellos se erizan y los poros hacen que mi piel se vea distinta. Un aire me acaricia del costado, pero se pierde antes de llegar al otro lado, se desvanece y termina. Respiro, y veo que aún estoy vivo; pienso, y veo que aún conservo la cabeza; observo, y entiendo que sigo aquí con vida.
Un corte en la piel, un bulto en el brazo, dolor en la cara; nada de eso se compara con el sufrimiento del alma. La luz está ahí fuera, y recuerdo con melancolía cuando no la necesitaba para ver. Pienso en cuando era capaz de olvidar los problemas que tenía a mi alrededor, cuando no importaba lo que sucedía, cuando no me daba cuenta de las cosas.
Ahora me doblo y hasta triplico en edad, por no decir nada de la cantidad de pelos, que van desde los dedos de los pies, hasta la punta de los pelos. Mis huesos son considerablemente mayores, y los músculos más fuertes. Las tensiones, tan lejanas, pero capaces de tocar mi mano, cogerla, y arrastrarme hasta lo más profundo.
Me convierto en un experto de la vida, porque cometo más errores que ninguno. Todo lo que hago, lo hago mal. A veces porque quiero, otras, porque lo prefiero. Soy capaz de plantarle cara a la vida, puedo hasta atreverme a hacer fuerzas con ella, jugamos muchas veces, pero generalmente ella gana, al final, te deja desnudo, sólo y desdichado.
Las líneas aparecen y desaparecen, como las sonrisas de los rostros, como las tristezas de las almas, como todo lo que existe y todo lo que es inexistente. Aprendemos, disfrutamos, olvidamos, amamos, recordamos, lloramos, reímos, en fin, existimos y eso es lo importante. Aquí estamos frente a todo, frente a todos. Con dos huevos u ovarios, le damos cara a los problemas, luchamos contra ellos, y al final, seguramente saldremos vencedores, aunque no ilesos.
No somos santos, pero tampoco somos unos demonios. Como todos, tenemos cosas buenas y malas. Hasta el más bueno es malo, y el más malo es bueno. Una ley inexorable que pocos toman en cuenta. No muchos miran al prójimo con la bondad merecida, ni menos con el odio opresivo que podría merecerse.
La vida es complicada, pero las complicaciones son aquello que nos da vida, y por eso he decidido complicarme como pueda, y no tener ni un día 100% tranquilo. He decidido que arrepentirse vale la pena, ya que así luego valorarás más. Cuando respires, no dejarás de sentir el aire entrando por los pulmones, ni el agua cuando bebas. Cuando toques algo, te darás cuenta de si es liso o rugoso, y cuando ames... amarás como nunca antes.
viernes, 30 de julio de 2010
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